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Jul 21

¿Y DÓNDE COMPRO MI RADIO?

ft23rIPor Dr. C. Raúl González Peña

En los últimos tiempos las responsabilidades que ocupo como directivo de un Club de radioaficionados me han puesto en el compromiso de orientar a las personas que se interesan por esta actividad. Y créame que en el norteño municipio de Caibarién en la Provincia de Villa Clara, todos los años son muchos los que se acercan buscando información sobre este peculiar hobby.

Yo cómo muchos, también pasé por este momento de tener un primer día. Ahora mismo puedo recordar con nitidez el instante en que decidí –de forma seria- invertir mi tiempo libre en una actividad que podía articular armónicamente varias de mis mayores motivaciones. Debe haber sido por el año 1992, y como les sucede a todo el que quiere conocer y adentrarse en este apasionante mundo, miles de dudas, de interrogantes y de curiosidades se agolparon en mi mente. Sin embargo cada una de ellas fueron resueltas –con mayor o menor éxito- por aquellos colegas que se encargaron de apadrinarme con paciencia y dedicación.

¿Cuáles son las primeras preguntas que se realizan los aspirantes a radioaficionados?

Quizás en las líneas que siguen pudiéramos intentar resumir algunas de las más frecuentes, por ejemplo: ¿A dónde debo dirigirme? ¿Quién me puede orientar? ¿Cómo puedo conocer al resto de los colegas del Club? ¿Cuánto me cuesta hacerme radioaficionado? En fin que interrogantes como estas y otras tantas suelen aparecer cuando se sostienen los primeros intercambios con alguien que es un desconocedor de esta actividad. Sin embargo, existe una pregunta que siempre será formulada, quizás en la primera comunicación, o puede que cuando se tenga un poco de confianza; pero de lo que usted puede estar absolutamente seguro, es que todo aquel cubano que desee iniciarse en la radio afición siempre preguntará -¿Y dónde compro mi radio?

Hagamos un poco de historia. La radio afición se inició en Cuba a principios de la década del 20 del pasado siglo, y desde entonces, los radioaficionados –en su gran mayoría- se han dedicado a construir sus equipos de radio. Para ello estos intrépidos de la innovación tecnológica se valieron de   componentes y partes adquiridos -por lo general- en los Estados Unidos. Es muy probable que a todo lo largo del pasado siglo, la “gran pregunta” tuviera una respuesta clara y directa: si deseas tu equipo tendrás que construirlo tú mismo…

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Así sucedió durante buena parte del siglo XX, hasta que el desarrollo tecnológico alcanzó tal nivel, que prácticamente se hizo imposible la construcción personal de estos equipos. En la actualidad resulta en extremo difícil la elaboración manufacturada de un radiotransmisor, que reúna todos los requerimientos técnicos para que con su ayuda se pueda sostener comunicaciones con un mínimo de calidad.

Obvio sería entonces, reconocer que la “gran pregunta” no podría tener la misma respuesta ahora que en la primera mitad del pasado siglo. Sin embargo, tampoco se puede negar que existe documentación suficiente sobre la posibilidad de construir modestos equipos de radio utilizando la más moderna tecnología de procesamiento digital. En tal sentido se pueden significar los eficientes equipos diseñados con el empleo de circuitos PIC u otros que utilizan tecnología similar.

Bajo esta misma cuerda intentó la Federación de Radioaficionados de Cuba (FRC) materializar un proyecto de nombre muy glorioso para todos los nacidos en la mayor isla de las Antillas -“Caguairán”- pero que a juicio de muchos, nació, si quizás no muerto, muy enfermo. La esencia de este prototipo fue un radio –supuestamente- fácil de construir y con componentes al alcance de todos los que se interesaran en realizarlo. Para esto se le encargó a un experimentado técnico que diseñara un radio utilizando en lo fundamental componentes de antiguos receptores soviéticos (VEF-221).

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En unos meses el primer equipo de muestra estaba listo y trasmitiendo. El entusiasmo y el júbilo fue contagioso, al punto que el antiguo Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC) destinó una importante suma de dinero para fabricar miles de placas donde se podrían montar los componentes de este radio. Justo es señalar, que estas placas finalmente fueron elaboradas en un tiempo record, y con una altísima calidad.

Todo indicaba que la “gran pregunta” ya tendría una feliz respuesta. Sin embargo esto no era tan sencillo. El proyecto aprobado se sustentaba técnicamente en un transceptor de doble banda lateral con portadora suprimida, con un receptor de conversión directa, es decir, un radio limitado para las comunicaciones en la banda de HF actual en la que todo el mundo utiliza SSB (léase el artículo “Modulación, la letra de la radio” , publicado en este mismo blog y que explica didácticamente las grandes limitaciones de un radio con estas características). A esto se le unía la mala calidad de los componentes que se emplearían, los que habían estado en almacenes por más de 20 años sin utilizarse. Finalmente, a cinco años de un proyecto cargado de buenas intenciones son muy pocos los radios de este tipo que hoy se encuentran siendo utilizados exitosamente. Más allá de lo aquí planteado, valdría la pena analizar con mesura y objetividad, todos los factores que incidieron en el rotundo fracaso del Proyecto Caguairán.

Regresando al tema principal de este escrito, sería útil una mirada a cómo resuelven la “gran pregunta” los radioaficionados del mundo. Pues es sencillo, los que pueden llegar a serlo por tener los recursos económicos necesarios se llegan hasta una tienda de equipos de radio y hacen su pedido. Otra variante es encargarlos por internet, práctica muy frecuente en la actualidad para adquirir cualquier producto. También se utilizan las ferias, caravanas y actividades especiales de radio clubes, donde suelen comercializarse a precio diferenciado equipos de radio nuevos o con muy poco uso. Sin embargo en Cuba no existe esta posibilidad a pesar de que las grandes empresas que fabrican y comercializan equipos de radio a nivel global tienen agencias y oficinas en el país, tal es el caso de Kenwood, Icom y Vertex.

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Estoy absolutamente convencido, que para aquel que no es radioaficionado cubano y ha llegado hasta aquí con la lectura de estas líneas, tendrá una enorme curiosidad por conocer sobre el tipo de magia que en la isla caribeña hacen para resolver esa “gran pregunta”. Ya hemos explicado que es muy complejo construir con esfuerzo personal en el siglo XXI un equipo de radio decoroso; y como si fuera poco, el proyecto para hacerlo no tuvo los resultados que de él se esperaban; además esta situación se agrava, cuando no es posible comprar equipos de radio en tiendas especializadas. Entonces la pregunta sería: ¿todavía hay radioaficionados en Cuba? Pues mire usted que los hay y muy buenos, reconocidos a nivel mundial, por su seriedad, disciplina, tenacidad, profesionalidad y altruismo. Y entonces: ¿Dónde compran sus radios?…

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Me daría mucho trabajo encontrar los argumentos necesarios para responder con certeza esta pregunta, pues es tan compleja y peculiar la vida de los radioaficionados como las propias condiciones en que se desarrolla la vida social en el país. No obstante intentaré acercarme a la problemática exponiendo algunas reflexiones personales.

 

Desde hace años se viene manifestando una relación singular entre los radioaficionados de todo el país y los centros estatales donde existen equipos de radio que pueden quedar obsoletos, descompuestos técnicamente o modernizados por cambio de tecnología, pero perfectamente utilizables para desarrollar la actividad de la radio afición. En las instituciones estatales donde existen equipos de radio que son utilizados para garantizar las comunicaciones entre sus entidades, algunos de los que allí trabajan han encontrado la forma de hacerlos llegar hasta las manos de los radioaficionados, ya sea de manera filantrópica o de forma “irregular”, para lo cual muchos se valen de falsas roturas y desperfectos, o del descontrol y la indolencia de quienes deben velar por su seguridad.

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Un hecho expuesto por Carlos Marx desde la segunda mitad del siglo XIX destaca que la ley de la oferta y la demanda se manifiesta en las relaciones comerciales con independencia de nuestros deseos y nuestra voluntad. De tal manera si existe una demanda de equipos de radio, pues hay un colectivo de más de 9000 miembros, que necesita, que invoca, casi que ruega por contar con estos dispositivos, pues entonces habrán quienes buscarán las formas, las vías y los mecanismos para ponerlos en sus manos y obtener una ganancia por esta transacción.

Somos muchos los que en algún momento hemos tenido que desembolsar parte de nuestros ahorros para adquirir un radio sin saber su origen, su estado de conservación, de uso y sin tener una garantía de la calidad de lo que estamos comprando. Ya hay quienes se han tropezado con alguna dificultad de índole legal, al verse inmerso en un proceso judicial relacionado con este tema; situación esta, que fuera innecesaria si existiera una tienda o dependencia donde se pudiera comprar equipos de calidad y con garantía.

Un escrito aparte merecería la forma en que estos equipos deben ser legalizados luego de su adquisición. No pretendo por razones obvias adentrarme en explicaciones, pero las fórmulas pueden ser muy variadas y con mucha creatividad.

En los últimos años he asistido a infinidad de reuniones, asambleas y congresos donde los radioaficionados abogan porque se establezca una disposición o normativa legal en la que las dependencias del estado que cuenten con estos equipos, y tengan la necesidad de deshacerse de ellos, los cedan de forma ordenada, natural y segura a la FRC. Sin embargo esto solo se ha logrado parcialmente en el Ministerio de las Comunicaciones, pues la verdad es que todos los años miles de equipos, aún aprovechables, van a parar a las profundidades del mar, de la tierra o son reciclados como materia prima. Expongo solo el hecho, las razones de por qué sucede merecerían también toda una extensa explicación, que quizás algún día me aventure a exponer.

Otra variante empleada para adquirir un equipo de radio es la utilizada por algunos que apuestan por la importación de estos equipos de comunicación desde el exterior, pues la legislación aduanal vigente lo permite. Sin embargo, el embrollo de las normas y los procedimientos que hay que seguir para que este asunto culmine exitosamente es en ocasiones torturante y agónico. De hecho, cuando es el propio radioaficionado quien viaja al extranjero y regresa con su equipo el proceso es un poco menos complicado, pero cuando es una tercera persona quien intenta importar el equipo todo se complejiza, al punto de que se convierte en algo casi imposible de lograr.

En fin, que no hay muchas opciones, y por lo general, aquí también todos los caminos conducen a Roma. Solo que en este caso la capital de Italia significa que si deseas adquirir tu radio tendrás que comprarlo donde aparezca, que casi siempre es en manos de personas inescrupulosas que se aprovechan de las necesidades para lucrar con un recurso que no le pertenece.

7 comentarios

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  1. ADMIN

    Exelente articulo!Felicitaciones por este blog.

  2. Julio Cabello

    Estuve leyendo la mayoría de los artículos aqui publicados y me parecen todos excelentes, hasta la apariencia de este blog. Ha sido para mi una verdadera sorpresa descubrir por estos dias tan profesionales periodistas digitales en estos blogs de Cubava.Los felicito de todo corfazón. Creo que FRCuba deberá proponerse metas superiores en el futuro inmediato.

  3. El Gato

    Comprar un equipo de radio se convierte en una verdadera odisea, tanto en lo que se refiere a la garantía técnica como a la garantía legal de lo que estás comprando. No es justo que después de pasar todo el trabajo de academia, exámenes y soltar una cantidad grande de dinero también tengas que pasar innecesariamente por el filo de la navaja y correr un riesgo legal de convertirte en un “receptador”, porque sencillamente no hay opción. Se han dado casos de radios que se han robado y después los han vendido a radioaficionados que se han buscado tremendo lío. Aunque sea posible construir un radio, no todo el mundo es cacharrero ni todo el mundo tiene las habilidades y las posibilidades para hacerlo, ya no estamos en el 1950 donde un radiotransmisor se hacía con 4 bombillos.

    ¿Además, por qué no puede existir una tienda donde la propia FRC comercialice equipos de radio entre sus miembros? Mira, aunque tengan que pagarlos en divisa dura, yo estoy seguro que muchos radioaficionados lo compran. Lo mismo comprándoselos a los fabricantes que a otros radioclubes y asociaciones de radioaficionados por el mundo, que hacen ferias y venden un montón de cosas útiles, se pudiera tener una tienda para los radioaficionados con toda la garantía legal y sin tanta complicación. Mira, ahora mismo sales a la calle, lo mismo aquí que en Santa Clara que en La Habana y te encuentras más de un chinchalito donde venden computadoras, todas nuevas con todos sus accesorios nuevos de paquete, no hay ningún cacharro, todo es de fábrica y de última generación y no es escondido porque tienen hasta carteles en la puerta. Entonces te hago otra “gran pregunta”, ¿de dónde sale todo eso, quién los importa? Y una “gran pregunta” más: ¿Por qué no puede suceder algo parecido con los equipos de radio?

    Si cada radioaficionado tiene una licencia que lo respalda, que representa un voto de confianza que le da el estado cubano para operar en las bandas de radio, ¿por qué tiene que ser tan complicado importar o adquirir un equipo de radio? Yo sé que hay mil razones por las que no existe una tienda de radios, pero hay un millón de razones para que exista. A nosotros los cubanos nos gusta complicarlo todo, hace 5 años para acceder a internet había que tener un expediente de 200 páginas y más firmas que para un matrimonio y todo eso tenía sus razones, sin embargo ahora te sientas en la esquina del parque y te conectas, ¿se acabó el mundo? No.

    1. cqcaibarien

      Amigo felino:

      Mire usted, sus consideraciones son en extremo lógicas y valiosas. Resulta un hecho casi insólito que no podamos comprar nuestros equipos de radio en un lugar que ofrezca seguridad y garantía; pero en verdad sus cuestionamientos son imposibles de responder por el autor de este artículo “yo”, pues la solución de todo este embrollo depende de la voluntad de quienes tienen el deber de promover opciones para que los radios sean ofertados a quienes puedan tenerlos.

      Un amigo -a quien le doy todo el crédito de este mundo- me contaba hace unas horas que en la empresa GEOCUBA iban a moler un lote de equipos SEG-15 nuevos en sus estuches. ¿Y será que la Empresa de Materia Prima le puede hacer una oferta mejor que la que le haría un radioaficionado? -Estoy seguro que no, pero en fin, la cruda realidad es que estos radios en unas horas serán un amasijo de chatarra.

      Lamentable y triste realidad. Amigo felino, pero el asunto es que solo nos queda mirar y escribir en estos medios alternativos. Quizás algún día llegue el momento en que pueda pasarme por una tienda de Icom -mi marca favorita- y comprar un radio nuevo o de uso, que esté en perfecto estado de funcionamiento, con garantía y absolutamente legal. En fin que soñar no cuesta.

  4. co7cd

    Sobran las palabras, decir algo más es llover sobre mojado.

  5. Yoelbis (Zulueta)

    Felicitaciones al RC de la Villa Blanca por su blog. Muy interesante el artículo.

  6. Carlos

    Muy contento por la innovación y lastima que no estuve presente saludos a todos CM6CEM.

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