Nov 28

Breve crónica de una muerte incierta.

FidelcubaHoras después de conocer la triste noticia de la desaparición física del líder de la Revolución Cubana, el ex Presidente de Uruguay José Mujica escribió esta carta cuyo texto íntegro reproducimos.

 

 

 
Querido Fidel:

Recién me entero, la noticia ha sido devastadora. No dejo de imaginarte a
vos, tendido en la escueta cama de madera que se convirtió en tu último
refugio. Y aquí estoy, sentado en la entrada de la chacra pensando en lo que
diré al mundo y cómo ocultaré esta lágrima, aunque dirán algunos publicistas
que será mejor que se vea, que así se construyen las leyendas.

Las leyendas no se pueden construir, vos eres una, forjada con el mismo
golpe de la metralla y la bandera ondeando en el campamento, ahí en la
sierra, sin importar si es selva o pampa, siempre es igual, la batalla duele
en la entraña de lo que llamamos nuestra tierra, ese pedazo de geografía que
podemos recorrer pero que nos recorre a nosotros.

Y pienso que tuve suerte porque llegué a la silla viejo y la cara de
bonachón nunca se me quitó, a pesar del encierro y la tortura; las críticas
fueron menos, no tuve que enfrentar el rigor del escrutinio público al que
vos hiciste frente con esa estatura de gigante con la que diste ejemplo al
mundo y no fui forzado a debatirme entre patriotas y traidores, nadie me
tildó de tirano. Pero esa suerte también se puede entender diferente.

El mundo que yo encaré es el de las tarjetas de crédito y las vidas
consumidas en una lucha para la que no hay guerrilla posible, todos me
escuchan con atención, sonríen, aplauden y continúan tratando de llenar sus
vacías vidas con cosas que los consumen, a plazos, pero inevitablemente. A
vos te queda Cuba que seguirá ahí, sin analfabetismo, con el mejor sistema
de salud pública, con la mejor educación del continente y yo aún aquí, en la
batalla, no por la vida, sino contra el olvido, enfrascado en una lucha que
no tiene sentido porque el Sur se convierte en más Sur cada día, los
monstruos insisten en su avance y ahora nos copan por todos los flancos.

La breve ilusión del continente bolivariano vuelve a desvanecerse, con la
partida de Hugo, la ignominiosa salida de Dilma y de Cristina, mi
confinamiento a un escaño del parlamento y la orfandad en que nos dejas,
seguramente pronto el sinsentido de un mundo que no aprende de su historia
nos devorará nuevamente.

Las sombras nos acechan y por hoy, querido amigo, vos has partido y no
tendremos, por lo menos en este ciclo, una más de esas charlas interminables
que insuflaban amor y victoria, de las que yo salía rejuvenecido, sintiendo
que podía enfrentar a la más temible de las gárgolas o cruzar el abismo de
un solo impulso, la tristeza es inevitable.

Pero ¿qué dirías vos? “Anda loco, que no es para estar tristeando ¿y qué más
da? Que sólo es carne y pellejo, no te hagas al muerto vos, que la lucha
sigue y es pa’lante nomás”, y yo digo a mi mente desvariando “Que él no
hablaba así, no seas irreverente”, mejor pensar que habrías dicho algo más
brillante, no los cuentos de este viejo loco que hace aplaudir a multitudes,
pero no ha podido mover a su pueblo como tú, ¿Qué de la Oriental surja una
batalla final? Difícil, no imposible… mientras tanto a vos, en esa estrella
del Caribe, un guiño y un ¡Hasta la victoria… siempre!
El Pepe

 

 *** HASTA SIEMPRE COMANDANTE ***

1 comentario

    • Un cubano on 30 noviembre, 2016 at 3:28 pm
    • Responder

    Fidel es un hombre de extraordinarias coincidencias. Gigante sencillo, genio humilde, luchador invicto, revolucionario invencible, político honesto. Muchas son las virtudes que marcaron su personalidad de gran hombre a lo largo de 90 años, pero más específicamente en los últimos 58 años que estuvo al frente de la Revolución cubana. Su brillante inteligencia junto a una capacidad excepcional para analizar la historia le permitieron prever acontecimientos y procesos históricos que ocurrieron mucho después, como la desintegración de la URSS y los actuales problemas climáticos.

    Fidel nunca persiguió la fama ni la gloria, fue un gobernante sin palacios ni banquetes, sin carros de lujo ni aviones especiales. El mismo renunció a su vida de rico y su fortuna como hijo de hacendado para involucrarse en la lucha revolucionaria desde que era un estudiante, aun sabiendo que podía perder la vida, como le ocurrió a muchos de sus compañeros de lucha. Durante los años que estuvo al frente del país, siempre se le vio con su uniforme verde olivo mezclarse con el pueblo y conversar con la gente sencilla, a cuyas vidas se consagró y llegó para quedarse. La humildad, la sencillez, la dignidad y la moral fueron siempre sus principales armas y las principales armas de la Revolución.

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