MÁS QUE UN RECUERDO A LA DISTANCIA, UNA DEUDA SALDADA

Por: Lic. Ricardo Monterrey Pérez.

Siempre que exista un suceso que trascienda el tiempo, vale la pena contarlo tal y como fue, para que aún, a la distancia, el esfuerzo magnífico que realizaron todos y cada uno de los protagonistas no quede solo en el archivo anónimo de la memoria de quienes lo vivieron.

Hoy me hubiera gustado hacer la crónica extendida de aquellas interminables e intensas horas previas a la llegada y acogida de la Patrona de Cuba en tierras de la Villa Blanca, de su paso y despedida, de los desvelos y el amor dedicado por un nutrido grupo de mis hermanos del Club en velar porque hasta el más mínimo detalle estuviera dispuesto para que este histórico acontecimiento no pasara solo por pasar; pero prefiero que sea recordada de la manera en que me atreví a narrarlo en los días posteriores al paso de la Virgen por Caibarién. Perdonen las incongruencias y las imprecisiones, pues lo emotivo de aquel momento no dejó espacio para escribir como lo hubiera hecho en el día de hoy.

Quiero agregar que el compromiso asumido entonces no obedecía a la Fe religiosa, aunque sin dudas, a partir de ese momento sucedió algo, que nos hizo para siempre, mejores seres humanos.
Cuando pienso en los momentos vividos reconozco que nunca antes ni después han pasado frente a mis ojos, muestras tan fuertes de hermandad, solidaridad y unión de voluntades tanto en el pueblo como en las instituciones encargadas del orden y desarrollo de estos acontecimientos.

El paso de la Virgen de la Caridad del Cobre por Cuba en el año 2011, tuvo sin lugar a dudas infinitas muestras de protagonismo, pero los Radioaficionados de Caibarién fueron nuevamente pioneros en una transmisión histórica. La memoria de mis conciudadanos ha sido siempre el mejor juez y a pesar del tiempo y de que esta historia nunca fuera publicada, justo a cinco años de aquellos días quiero pagar mi deuda con mis hermanos, con mi pueblo y con los lectores de este blog.

Historia del 4 y 5 de Mayo de 2011.

Corría el año de1612, y tres obreros iban en busca de sal, dos indios y, un niño negro y esclavo. En una pequeña canoa cruzaban la Bahía de Nipe; estando cerca de Cayo Francés vieron flotar sobre las aguas tranquilas después de la tempestad, un bulto. Remaron a su encuentro y, ante sus ojos sorprendidos, la luz de la mañana les mostró, sobre una tabla, una pequeña y frágil imagen…
Así reza la vieja leyenda, en la que se cuenta cómo llegó a costas cubanas la imagen que luego devendría en Patrona de Cuba.
En la tarde del 4 de mayo de 2011, un grupo integrado por 16 de los colegas radioaficionados de Caibarién y, a solicitud de las personas e instituciones encargadas de coordinar la llegada y paso por esta villa de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, en su recorrido por toda la isla, celebrando el 400 aniversario de su aparición; se dieron a la tarea de: diseñar, desplegar y desarrollar un circuito operativo de comunicaciones en virtud de facilitar la organización del evento, así como la sincronización de cada una de las diversas variantes del recorrido.
Se definieron 8 estaciones fijas, 5 estaciones de paso en carreteras y 3 estaciones de enlace medio, lo que posibilitó garantizarlas comunicaciones en activo por más de 24 horas ininterrumpidas, en las que el trabajo en conjunto con autoridades del Partido, el Gobierno local entre otros, dieran buena voz de la labor desarrollada en un acontecimiento más que religioso o folclórico para algunos, cultural o histórico para otros; para los Radioaficionados de la tierra de Manolín Álvarez fue una de esas experiencias que contarán algún día la suerte de haber estado una vez más al lado de su pueblo, quien hoy los reconoce como: “…servidores de la Patria”, definido de esta forma por Juan Alberto González Milán, encargado de la esfera Político-Ideológica en el Buró municipal del PCC.
Y ya casi al término de la jornada que se inició a las 16:00hrs del día 4 y hasta las 22:00hrs del día 5 de mayo, en el acto de despedida de la Imagen de la Caridad en la comunidad de Reformas no faltaron las palabras y gestos de agradecimientos de las autoridades religiosas encargadas en voz del Padre Obispo, Mons.: Arturo González Amador:
“… debemos dar gracias (…), gracias infinitas a las instituciones y organizaciones que hicieron posible el paso de esta imagen por estas tierras, pero no podemos olvidar o negar que, la organización con que se dieron las cosas fue posible fundamentalmente a estos jóvenes y no tan jóvenes radioaficionados que, a decir de muchos, servidores del pueblo, yo, diría más, Héroes del pueblo (…), sea para ellos nuestro eterno agradecimiento, reconocimiento y, con todo respeto, nuestra bendición…”

Sin embargo la historia deparaba muchas más satisfacciones que las vividas hasta ese momento, cuando al llegar al instante de la entrega de la Patrona al vecino municipio de Remedios se les pidió a los radioaficionados que ayudaran, también allí, a coordinar las comunicaciones para que se pudiera llevar la imagen de la Virgen hasta la Iglesia Mayor. La respuesta fue inmediata, y ni el cansancio, ni el sueño, ni la fatiga fueron suficientes para amilanar a quienes están siempre listos para servir con prestancia y voluntariedad para contribuir al éxito de cualquier suceso.

Al regresar a casa habían transcurrido más de 72 horas de intensos e inolvidables comunicados, montones de anécdotas y un profundo aprendizaje que nos marcó para toda la vida. . Para los que allí participaron habrá siempre recuerdos y nostalgias por lo que quizás no volveremos a vivir. Sin embargo, hay en nuestros corazones la intensa satisfacción por el deber cumplido.

Para esta transmisión especial se contó con el apoyo de muchos colegas radioaficionados de varias generaciones, quienes entregaron su tiempo y su esfuerzo en pos de garantizar la calidad del evento. Esto ratifica que la verdadera vocación del Radioaficionado es estar siempre al lado de su pueblo, acometiendo tareas de una u otra índole, con el oficio de comunicar bajo cualquier circunstancia los sucesos para la memoria histórica de una nación, por la cual sienten cada día más el orgullo de ser sus hijos.

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