ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS PADRES FUNDADORES DE LA RADIO I

MarconiPor: Dr. C. Raúl González Peña.

En la actualidad hay un hecho que nadie discute por obvio: antes de que surgiera la Tierra había transcurrido mucho tiempo. Y mucho tiempo debiera transcurrir antes de que se destruya totalmente. Es necesario efectuar una distinción entre la edad de la Tierra (alrededor de 4500 millones de años) y la edad del universo (unos quince mil millones de años desde el big bang). Del inmenso intervalo de tiempo entre el origen del universo y nuestra época, dos tercios se habían agotado con anterioridad a la formación de la Tierra. Algunas estrellas y sistemas planetarios son miles de millones de años más jóvenes, otros, miles de millones de años más viejos. Es decir, nuestro planeta azul existe desde hace muy poco tiempo en comparación con la edad del universo.

Por lo que respecta a los seres humanos, somos recién llegados, aparecidos en el último instante del tiempo cósmico. La historia del universo hasta hoy había transcurrido en un 99,998% antes de que nuestra especie entrara en escena. Durante esa enorme extensión de tiempo no habríamos podido asumir ninguna responsabilidad especial sobre nuestro planeta, o nuestra vida o cualquier otra cosa. No estábamos aquí, y punto.

Ahora bien, hay algo que en más de una ocasión ha inquietado desde la infancia a cualquiera de los mortales que hemos habitado en el 3cer. Planeta del Sistema Solar: ¿Quiénes somos verdaderamente? ¿De dónde venimos? ¿Somos únicos en este inmenso mundo? De acuerdo. Pero aunque nuestra posición, nuestra edad, nuestro movimiento y nuestro mundo no sean únicos, quizá nosotros lo seamos. Nosotros somos distintos de los demás animales, Hemos sido creados de forma especial, la devoción particular del Creador del universo queda patente en nosotros. Esta postura fue apasionadamente defendida en el ámbito religioso y en otros. No obstante, a mediados del siglo XIX Charles Darwin demostró de manera convincente cómo una especie puede evolucionar hasta dar lugar a otra mediante procesos enteramente naturales, que llegan a rebajarse hasta la despiadada tarea de la Naturaleza de salvar las herencias que funcionan y descartar las que no lo hacen.

En el desarrollo del ser humano han existido etapas muy bien diferenciadas, las que se han distinguido por el desarrollo de formaciones económicas, científicas, técnicas y sociales. Por lo general para dar paso de un período a otro siempre ha estado presente un punto de inflexión, donde las condiciones del hombre y de su entorno se han modificado significativamente.

De tal forma existió una etapa previa a las herramientas e instrumentos de trabajo confeccionados con metales; otra caracterizada por los ingenios mecánicos; una época donde el vapor fue quien dictó el ritmo de la sociedad y otra caracterizada por la electricidad. A su vez otros criterios permiten establecer un ´período caracterizado por la barbarie primitiva; una época de idolatría a las deidades divinas; la existencia en la tierra de un hombre Dios; un giro hacia la ilustración y hacia el conocimiento; así como un despegue vertiginoso hacia la globalización y la interdependencia planetaria.

Sin embargo, sería útil realizarnos la siguiente interrogante: ¿Es el hombre de hoy similar al que vagaba por los inhóspitos parajes del este africano hace 5000 años? Investigaciones recientes en el campo de la neurología han demostrado que en la medida en que el ser humano se ha desarrollado, se ha socializado y se ha educado su capacidad para razonar, para procesar información y para resolver problemas ha aumentado considerablemente. A la vez, también se ha probado que el cerebro humano ha aumentado en su peso, en el número de circunvoluciones y en la especialización de las neuronas.

La tesis relativa al desarrollo ascendente de las funciones superiores en el hombre como consecuencia directa de la educación y la cultura se comenzó a gestar desde el siglo XIX con los estudios realizados por P. Broca, C. Wernicke y H. Jackson; pero no fue hasta el siglo XX, cuando el psicólogo Lev S. Vygotsky y sus seguidores presentaron toda una concepción sobre la relación de interdependencia entre el pensamiento y el lenguaje. Ciertamente, el estudio de esta área resulta en extremo compleja, pues para ello se necesita la contribución efectiva entre varias ciencias como: neurología, la psicología, la lingüística y la fisiología. Sin embargo lo que constituye una realidad indiscutible, es la enorme capacidad alcanzada por la especie humana a partir de la última Revolución Científico-técnica.

Pero, ¿En qué consiste esta Revolución? ¿Cuándo y dónde comenzó? ¿Cuáles son sus principales Rasgos?

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el ritmo de las innovaciones y de los descubrimientos tecnológicos fue lento, sin embargo, a partir de la segunda guerra mundial la humanidad ha experimentado un crecimiento exponencial en el uso y desarrollo de la tecnología.

La denominación de revolución tecnológica o científico-técnica se refiere a las transformaciones técnicas y sus implicaciones económicas y sociales de la tercera revolución industrial (desde la segunda mitad del siglo XX). Esta expresión se utiliza frecuentemente para establecer una diferenciación con las dos primeras grandes transformaciones que han merecido el nombre de Revolución económica: la Revolución Neolítica y la Revolución industrial de los siglos XVIII y XIX.

Por lo general esta tercera revolución es identificada con el autómata, este es una máquina que elimina el elemento de control humano con un algoritmo automático. Ejemplos de máquinas que presentan estas características son los dispositivos que fundamentan su funcionamiento con hardware soportado en microprocesadores, los que gradualmente, han ganado en autonomía y en capacidad para intercomunicarse. Precisamente por esta razón es que también suele llamarse a este período revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

Si bien se reconoce que en el centro de esta revolución se encuentren los ordenadores, nadie es capaz de negar la indispensabilidad de que estos se hallen interconectados, de ahí que las comunicaciones sean un pilar básico para el desarrollo científico y tecnológico contemporáneo. La génesis de las comunicaciones que conocemos hoy día está en los descubrimientos realizados desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando se comenzó a comprender la naturaleza de las ondas electromagnéticas y las peculiaridades de su trasmisión y recepción. Todo este movimiento culminaría con la invención de la radio, pero no como la conocemos en la actualidad, sino como la posibilidad de recibir a una determinada distancia una simple señal inteligente emitida desde un trasmisor.

El debate histórico y científico sobre quién y cuándo se creó la radio suele ser muy álgido y apasionado. Desde finales del siglo XIX se generó una batalla campal entre tres grandes monstros de la ciencia de la época: Alexander Popov, Nicolás Tesla y un inquieto jovencito italiano de nombre Guillermo Marconi. Esta contienda duraría hasta la mitad del siglo XX cuando el 21 de Junio de 1943 la Corte Suprema de los Estados Unidos otorgó los derechos de las patentes a Tesla y no a Marconi por la invención de la radio. Es probable que la guerra fría y la satanización que hiciera el mundo occidental de la Unión Soviética dejaran fuera de la contienda por el mérito de la invención de la radio al legendario Popov, pero de este singular hombre hablaremos en otro artículo.

A pesar de los logros legales alcanzados por Tesla en los tribunales norteamericanos fue Marconi quien ganaría los mayores lauros en las etapas iniciales de la creación de las comunicaciones inalámbricas.

Guglielmo Marconi estudió ingeniería eléctrica en la Universidad de Bolonia, Italia. Fue allí donde llevó a cabo los primeros experimentos acerca del empleo de ondas electromagnéticas para la comunicación telegráfica.

Tenía apenas 21 años cuando un día, en su casa de Bolonia, Guglielmo Marconi hizo sonar un timbre en el sótano apretando un botón situado en la buhardilla. Lo sorprendente era que entre ambos puntos no había ninguna conexión. Poco después, en las afueras de la ciudad, el joven investigador italiano daba una instrucción simple a su ayudante:

—Si suena tres veces, has un disparo…

El muchacho corrió detrás de una colina con el receptor inalámbrico y una escopeta. Desde su laboratorio, con un primitivo transmisor de ondas hertzianas, Marconi pulsó los tres puntos de la letra S en aquel alfabeto morse que había aprendido hacía muchos años de un viejo telegrafista ciego. Al instante, como por arte de magia, se escuchó el disparo convenido. La telegrafía sin hilos, madre de la radio, había sido inventada.

En 1896 los resultados de estos experimentos se aplicaron en Gran Bretaña, entre Penarth y Weston, y en 1898 en el arsenal naval italiano de La Spezia.

Para el año 1899 hizo una demostración práctica de sus descubrimientos, y estableció comunicaciones inalámbricas a través del canal de la Mancha, entre Dover y Wimereux. Se reconoce que esta demostración fue realizada a petición del gobierno de Francia.

La motivación de Marconi para continuar realizando sus experimentos acerca de la trasmisión de ondas de radio, le hicieron emprender una nueva aventura, en este caso se trató de lograr una comunicación a través del Atlántico, para lo cual marchó a Saint John’s (Terranova), donde, el 12 de diciembre de 1901 recibió la letra «M» en Código Morse, transmitida por encargo suyo desde Poldhu (Cornualles) por uno de sus ayudantes, a través de 3.360 km de océano. A partir de este momento los nuevos telegramas volaban libres. Podían prescindir de los cables y de los postes terrestres.

Otro de los grandes méritos de Marconi fue cuando en 1903 estableció en los Estados Unidos la estación WCC, para transmitir mensajes de este a oeste, en cuya inauguración cruzaron mensajes de salutación el presidente Theodore Roosevelt y el rey Eduardo VII del Reino Unido.

A su vez en 1904 llegó a un acuerdo con la Oficina de Correos británica para la transmisión comercial de mensajes por radio. Ese mismo año puso en marcha el primer periódico oceánico a bordo de los buques de la línea Cunard, que recibía las noticias por radio. Tales procedimientos fueron la célula primaria de la prensa digital que hoy conocemos, y de la cual cada día somos más dependientes.

La celebridad mundial de Marconi se disparó a consecuencia del papel que tuvo la radio al salvar cientos de vidas con ocasión de los desastres del Republic (1909) y del Titanic (1912). Al respecto recuerda Harold S. Bride, quien fuera el heroico telegrafista del Titanic, que cuando el buque Carpathia atracó en Nueva York y estaba aún pasando tráficos, un hombre se le acercó a su espalda, y permaneció callado hasta que él terminó de transmitir el mensaje que estaba enviando. Cuando se dio vuelta, débil y exhausto, estaba cara a cara con el mismo Guglielmo Marconi. Pudiera imaginar lo que pasó por la mente y por el corazón, de aquel hombre sencillo, al encontrarse compartiendo el mismo espacio físico con el inventor de la radio.

Una faceta poco conocida en la vida de Guillermo Marconi fue cuando se le designó responsable de las comunicaciones inalámbricas para todas las fuerzas armadas de Italia durante la Primera Guerra Mundial en 1915. Tras la guerra pasó varios años trabajando en su yate, Elettra, que preparó meticulosamente como un laboratorio. Allí realizó múltiples experimentos relativos a la conducción de onda corta y probando la transmisión inalámbrica direccional.

Sin dudas la distinción o reconocimiento más importante obtenido por Guillermo Marconi durante toda su vida fue el premio Nobel de Física, en 1909, que compartió con Karl Ferdinand Braun. También fue nombrado miembro vitalicio del Senado del Reino de Italia en 1918 y en 1929 recibió el título de marqués.

Marconi ostenta la Primera patente de la radio, aunque esta fue reconocida en un solo país. A su vez se reconocen como aportes a la ciencia de este gran inventor: la telegrafía sin hilos, la comercialización de la radio y la antena homónima.

En la actualidad la antena Marconi no es muy utilizada por los radioaficionados, sin embargo su empleo en la radio comercial de onda media continúa siendo vital.

Conceptualmente, se trata de un conductor vertical de poco espesor, perpendicular a la Tierra. Puede imaginarse como un brazo de un dipolo, al cual latiera le sirve de espejo para “fabricar” la imagen del otro brazo del dipolo. La antena resuena a aproximadamente λ/2 con la tierra, gracias a la imagen eléctrica.

 

Propiedades eléctricas

La altura de esta antena es del orden de λ/4 (cuarto de onda), y la impedancia teórica de esta antena es de 36 Ω, o sea, aproximadamente la mitad de los 73 Ω teóricos del dipolo ideal, su ganancia isotrópica es de 4,76 dBi.

En la práctica, la presencia de objetos conductores vecinos y la calidad de la tierra real como reflector de ondas electromagnéticas harán que la impedancia sea distinta de la impedancia ideal.

El vivo del cable coaxial se conecta al conductor vertical. Mientras su malla se conecta, bien a un sistema de tomas de tierra en paralelo, procurando que la resistencia a tierra sea lo más baja posible, o bien se entierran o se dejan en la superficie de la tierra un sistema de radiales de 1/4 de longitud de onda (mínimo aconsejable tres), todo ello para reducir las pérdidas en transmisión.

 

 

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