Y su Fe encontró caminos.

PD1Por: Ricardo Monterrey – CO6KOL

Fotos: Claudia Lianet González – CO6CDX

 

Hace poco más de un año fuimos a visitarle, la sala de su casa era ese espacio donde siempre nos sentíamos bien acogidos y como de costumbre esta vez tampoco nos esperaba, o más bien no sabía que éramos un grupo de sus jóvenes colegas los que habían pedido llenarle un espacio en la mañana de Domingo.

Recuerdo que al llegar le espeté lentamente una frase un poco en broma y otro por tratar de desconcertarle: – Buenos días caballero, es esta la casa de un señor que facilita Lecciones de Primera Clase justo a las seis de la tarde para aquellos que quieren aprender sobre Portugal y Dinamarca… acto seguido levantó una mano para cubrirse el contra luz y me respondió: – mire yo no sé nada de lo que me habla, estoy esperando una visita y yo no doy clases… entonces le respondí: – pero no es usted el autor de un escrito que se llama “De aficionado a la Radio a Radioaficionado”…

Fue entonces cuando su nonagenario rostro se iluminó y extendiéndome la mano a manera de saludo me dijo: ah caramba y usted de dónde sacó eso…ahora sí que me han sorprendido entonces ustedes son… Radioaficionados David, le respondí, y hemos venido a conversar un poco y a traerle algunas sorpresas, pero, en fin, es o no… yo soy la CO6PD, me interrumpió sin contemplaciones: – sean bienvenidos.

Así comenzaba aquel obligado peregrinar en post de la memoria, amparados por un hombre consagrado a sus principios y a la voluntad de hacer y de soñar.

Debiera quizás remitirme a sus Infancia en Asturias y a como conocía el misterio de la Radio en la semipenumbra de un salón de huéspedes a través de un rudimentario aparato de Galena pero, no pretendo hablar sobre la novela de su vida sino más bien de como se hizo radioaficionado y como por esos lamentables caprichos humanos dejo de serlo legalmente.

Nos cuenta que un buen día un compañero de trabajo suyo llamado Roberto González Torres (CM6GT) tenía una planta de radio construida por Manuel Álvarez – Manolín – (CO6MA), y que en su casa aprendió a escuchar las estaciones de radioaficionados que por entonces operaban y cuyas conversaciones cargadas de referencias: geográficas, históricas, técnicas, etc; le cautivaron tanto como aquellas que desde niño ya le entusiasmaban al escuchar las emisoras comerciales.

A Manolin ya lo conocía – comenta – no por radioaficionados sino por compatriota, pero sin dudas esta afición nos unió en una amistad que dura hasta hoy mismo en que estamos conversando. Yo quería convencerle que me hiciera una planta, pero él siempre me decía: Prado usted escuche primero y luego vea si le interesa. A mí me interesaba desde luego, pero Manolin era medio celoso con eso de hacer cosas por gusto y la verdad es que estaba siempre muy ocupado también.

Su primer equipo fue una planta de 125Watts que compro en Santa Clara por valor de 100 pesos de la época (década del 50), la cual estaba en muy buen estado y luego fue mejorada por el propio Manolín, llevándola a 200Watts e incorporándole un mejor diseño de las antenas receptoras. Con tales condiciones David obtuvo su licencia.

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Con ánimo casi picaresco recuerda que las horas del día que más disfrutaba eran pasadas las once de la noche pues la televisión nacional dejaba de transmitir entonces y él podía dedicarse, casi hasta el amanecer a explorar el siempre sorprendente espacio radio eléctrico.

Así conoció de latitudes lejanas, acumuló saberes, coleccionó amigos y sirvió a su patria cubana con la veneración de pocos, entregándole hasta la más preciosa esencia de un radioaficionado, su propia condición.

Su planta de radio se convirtió en símbolo de perseverancia y amor infinito de sus ideales. Cuenta David que en cierta ocasión transmitió con ella durante diecinueve horas ininterrumpidas hasta el punto de fundir sus válvulas pues era la única estación de la provincia que quedo en activo al paso de un ciclón en el año 1963.

Un tiempo después se le solicitó que su estación fuera puesta a disposición del ejército rebelde, la misma fue destinada al servicio de comunicaciones para el batallón que establecía la vigilancia costera en Caibarién. David accedió gustoso movido por sus principios revolucionarios, pero el destino en ocasiones se cierne a voluntades ajenas y su planta fue trasladada a las montañas del Escambray, provocando un vacío en su cotidiano mundo de palabras distantes y amigos insomnes.

La pérdida no logró separarlo nunca por completo de sus sueños, junto a “Manolín”, creía firmemente en una generación joven y nueva que, heredera de su ejemplo comenzaba a brillar al amparo de sus mayores, trayendo consigo la fuerza renovadora de esta realidad que amamos y su Fe encontró caminos.

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Hoy hace poco más de un año que lo visitamos, la sala de su casa era ese espacio donde siempre nos sentíamos bien acogidos y como de costumbre, al sentarme a escribir las memorias cruzadas del encuentro, tampoco esperaba hablar de despedidas. Siento que es necesario refugiarme:

En el insondable caudal de sus palabras, en sus consejos sabios y en su imagen de simple mortal sincero y firme. Más que decirle adiós, creo que es justo hoy, en el día de su partida, abrazar su legado y sentir como el mismo diría: esa dulce locura de pasar de aficionado a la radio a Radioaficionado.

 

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